En la CEES, los procesos de aprendizaje en la primera infancia continúan consolidándose a través de experiencias pedagógicas que privilegian la indagación y el descubrimiento. En esta ocasión, los niños y niñas participaron en una experiencia de aprendizaje mediada por la provocación, en la que fueron invitados a curiosear, explorar y descubrir el entorno mediante el uso de sus sentidos y el contacto con diversas texturas.
Durante el desarrollo de la actividad, se evidenciaron distintas formas de aproximación al aprendizaje. Algunos niños se acercaron con facilidad, explorando libremente y estableciendo vínculos espontáneos con los materiales dispuestos; mientras que otros manifestaron resistencia frente a ciertas texturas, percibiéndolas como desagradables o mostrando baja tolerancia. Estas respuestas, lejos de ser una limitación, hicieron parte esencial de su proceso de descubrimiento sensorial y reconocimiento del entorno.
A partir de esta experiencia, los ciudadanos más pequeños comenzaron a construir significados y conceptos, formulando preguntas y reconociendo el origen de algunos animales. En particular, lograron identificar la gallina y sus pollitos, generando conexiones que trascendieron la observación para dar paso a la comprensión.
Este encuentro favoreció, además, la creación de vínculos de cuidado y sensibilidad. Los niños y niñas reconocieron animales como seres que requieren protección, cuidado hacia sí mismos y hacia sus pares. De este modo, la experiencia promovió relaciones basadas en el respeto, la empatía y la sensibilidad, aportando a su desarrollo integral.
A través de este tipo de vivencias, potencializamos la curiosidad, la exploración sensorial y la construcción de vínculos significativos con el entorno y con los otros.
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